¿Somos rehenes de una fatalidad ciega e inexorable o poseemos la capacidad concreta de moldear nuestro propio porvenir? Al profundizar en la Ley de Libertad en la tercera parte de El Libro de los Espíritus, Allan Kardec aborda uno de los temas más apasionantes de la historia del pensamiento humano: el alcance del libre albedrío y su vinculación con la justicia soberana.
El espiritismo descarta de manera categórica el determinismo fatalista, afirmando que el ser humano es el protagonista consciente de su propia marcha evolutiva, dotado de la noble facultad de decidir, rectificar desaciertos y renovar sus pasos hacia la serenidad íntima.
La libertad de pensamiento y de convicciones
Kardec remarca en primer término que, si bien la libertad física puede enfrentar restricciones transitorias, el pensamiento permanece plenamente soberano. En la intimidad de su fuero interno, el alma humana goza de libertad ilimitada para reflexionar, amar y comunicarse con la Providencia.
De igual manera, la libertad de conciencia constituye un patrimonio sagrado de cada individuo. La doctrina señala que ninguna autoridad tiene derecho a violentar las convicciones ajenas ni a imponer dogmas por medio de la coacción, descalificando todo fanatismo y persecución ideológica o religiosa.
Libre albedrío y responsabilidad ética
El libre albedrío es la potestad que el individuo tiene de determinar sus propias acciones. Sin esta facultad de opción, el ser carecería de mérito en sus conductas rectas y de responsabilidad formativa en sus equivocaciones.
A medida que el espíritu progresa intelectual y moralmente, su discernimiento madura y sus determinaciones se tornan más conscientes. Cada elección desencadena derivaciones naturales: la siembra es libre, pero la cosecha resulta una consecuencia regulada por la ley de causa y efecto, cuyo propósito es siempre didáctico y jamás vengativo.
La superación de la falsa fatalidad
¿Existe el destino prefijado para las vicisitudes cotidianas? Los comunicadores espirituales aclaran que el único acontecimiento biológicamente inevitable es la hora del nacimiento corporal y de la desencarnación. En las restantes circunstancias cotidianas, la persona conserva la libertad de intervenir, decidir y transformar los obstáculos en valiosas lecciones de aprendizaje.
Las pruebas complejas no representan castigos arbitrarios, sino vivencias elegidas por el propio espíritu antes de renacer para ejercitar el coraje y disolver antiguos desaciertos.
La alegría de elegir nuevos rumbos
Reconocer nuestra libertad nos estimula a valorar cada jornada con renovado entusiasmo. Decidir viajar, contemplar nuevos paisajes y cosechar buenas amistades constituye un acto de afirmación vital. En Mundo a Passeio estamos listos para acompañar sus elecciones con recorridos diseñados para su regocijo y seguridad.
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Fuentes y referencias
- KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus (capítulo X de la Tercera Parte: Ley de Libertad). Versiones autorizadas de la Federación Espírita Brasileña.
- KARDEC, Allan. El Cielo y el Infierno (Primera Parte: Las penas futuras).
- Mundo a Passeio: motivación al bienestar personal, la cultura y la libertad de viajar bien.
