La ley de libertad en el espiritismo: libre albedrío, fatalidad y la hora de la muerte
La ley de libertad es la décima de las diez leyes morales del espiritismo. Ocupa el capítulo X de la tercera parte de El Libro de los Espíritus, de las preguntas 825 a 872, y es el capítulo más extenso de la serie, con 48 preguntas. Es en él donde la doctrina enfrenta el tema más difícil de todos: si existe el destino, y dónde queda la libertad humana si existe.
Guatambu Travel organiza caravanas espíritas saliendo de Porto Alegre hacia el Triângulo Mineiro. Aquí describimos lo que afirma la doctrina, con la pregunta de cada cita para quien quiera verificar.
¿Existe la libertad absoluta?
No, y la razón es la convivencia: “No, porque todos se necesitan unos a otros, tanto los pequeños como los grandes.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 825)
La única situación en que existiría sería el aislamiento completo: “En la del ermitaño en el desierto. Desde que dos hombres estén juntos, hay entre ellos derechos recíprocos que les corresponde respetar; por lo tanto, ninguno de ellos goza ya de libertad absoluta.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 826)
Pero respetar el derecho del otro no anula el derecho sobre sí mismo: “De ningún modo, ya que este es un derecho que le viene de la naturaleza.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 827)
¿Qué dice la obra sobre la esclavitud?
Este es uno de los pasajes de posición más explícita de toda la codificación, y fue escrito cuando la esclavitud todavía era legal en varios países, Brasil entre ellos: “Es contraria a la Ley de Dios toda sujeción absoluta de un hombre a otro hombre. La esclavitud es un abuso de la fuerza. Desaparece con el progreso, como gradualmente desaparecerán todos los abusos.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 829)
La obra rechaza la excusa de la costumbre: “El mal siempre es el mal y no hay sofisma que haga buena a una acción mala.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 830)
Y no abre excepción ni para el amo que trata bien: “Digo que esos comprenden mejor sus intereses.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 832)
Libertad de pensamiento y de conciencia
Sobre el pensamiento, la obra afirma que es el único terreno enteramente libre: “En el pensamiento el hombre goza de ilimitada libertad, pues no hay forma de ponerle trabas. Se le puede detener el vuelo, no aniquilarlo.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 833)
La libertad de conciencia se deriva de esa: “La conciencia es un pensamiento íntimo, que pertenece al hombre, como todos los demás pensamientos.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 835)
Y la obra dice lo que resulta de restringirla: “Constreñir a los hombres a proceder en desacuerdo con su modo de pensar es hacerlos hipócritas. La libertad de conciencia es uno de los caracteres de la verdadera civilización y del progreso.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 837)
Sobre respetar la creencia ajena, el criterio es el efecto y no el contenido: “Toda creencia es respetable, cuando sincera y conducente a la práctica del bien. Condenables son las creencias que conducen al mal.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 838)
Sobre convertir a alguien por la fuerza: “Ciertamente pueden y hasta deben; pero enseñen, a ejemplo de Jesús, sirviéndose de la mansedumbre y de la persuasión, y no de la fuerza” (El Libro de los Espíritus, pregunta 841).
Y hay un criterio para reconocer una buena doctrina, que la obra aplica incluso a sí misma: “Será aquella que más hombres de bien y menos hipócritas produzca, es decir, por la práctica de la ley de amor en su mayor pureza y en su más amplia aplicación.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 842)
Es la misma tolerancia que orienta la visita de personas de otras religiones a los centros espíritas, tratada en cómo comportarse en un centro espírita.
¿Qué es el libre albedrío para el espiritismo?
La obra lo deriva de la libertad de pensar: “Puesto que tiene la libertad de pensar, tiene igualmente la de obrar. Sin el libre albedrío, el hombre sería una máquina.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 843)
Sobre tendencias innatas que empujarían al error, la respuesta preserva la responsabilidad: “No hay, sin embargo, arrastre irresistible, siempre que se tenga la voluntad de resistir.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 845)
Y la embriaguez no sirve de excusa: “No, porque fue voluntariamente que el ebrio se privó de su razón, para satisfacer pasiones brutales. En vez de una falta, comete dos.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 848)
La responsabilidad, sin embargo, es proporcional al entendimiento, y por eso crece con la ilustración, como también afirma la ley del progreso.
¿Existe el destino en el espiritismo?
Existe, pero en sentido restringido, y esta es la respuesta central del capítulo: “La fatalidad existe únicamente por la elección que el Espíritu hizo, al encarnar, de esta o aquella prueba para sufrir. Al elegirla, instituyó para sí una especie de destino, que es la consecuencia misma de la posición en que viene a encontrarse.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 851)
Y la obra advierte contra el uso perezoso de la idea: “Pero, incluso aquí, atribuyen al destino lo que la mayoría de las veces es apenas consecuencia de sus propias faltas.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 852)
Sobre quien comete un crimen, la obra niega que estuviera escrito: “No. Al elegir una vida de luchas, sabe que tendrá ocasión de matar a uno de sus semejantes, pero no sabe si lo hará, ya que al crimen precederá casi siempre, de su parte, la deliberación de cometerlo.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 861)
Esa distinción entre la prueba elegida y el acto deliberado es la misma que sostiene lo que la doctrina dice sobre el asesinato en la ley de destrucción.
¿Está marcada la hora de la muerte?
Este es el único punto en que la obra admite la fatalidad en el sentido común de la palabra: “Fatal, en el verdadero sentido de la palabra, solo lo es el instante de la muerte. Llegado ese momento, de una forma u otra, a él no pueden sustraerse.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 853)
Aun así, no concluye de ahí que cuidarse sea inútil: “No, ya que las precauciones que toman les son sugeridas con el fin de evitar la muerte que los amenaza. Son uno de los medios empleados para que ella no ocurra.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 854)
Y le da función al susto: “El hecho de que tu vida haya sido puesta en peligro constituye un aviso que tú mismo deseaste, a fin de apartarte del mal y volverte mejor.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 855)
Sobre quien presiente la propia muerte y teme menos, la explicación es de perspectiva: “Quien teme a la muerte es el hombre, no el Espíritu. Aquel que la presiente piensa más como Espíritu que como hombre. Comprende que es su liberación y la espera.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 858)
¿Por qué no conocemos el futuro?
Porque conocerlo anularía la libertad, según la obra: “Si el hombre conociera el futuro, descuidaría el presente y no obraría con la libertad con que lo hace, porque lo dominaría la idea de que, si una cosa tiene que ocurrir, será inútil ocuparse de ella, o bien procuraría impedir que ocurriese.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 869)
Y el futuro solo se revela por excepción: “En principio, el futuro le es oculto y solo en casos raros y excepcionales permite Dios que sea revelado.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 868)
Sobre la suerte y el azar, la obra descarta la superstición astrológica: “Antigua superstición, que ataba a las estrellas los destinos de los hombres. Alegoría que algunas personas cometen la tontería de tomar al pie de la letra.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 867)
Y sobre ganar en el juego, trata a la buena suerte como una trampa: “Aquel que, como hombre, gana, pierde como Espíritu. Es una prueba para su orgullo y para su codicia.” (El Libro de los Espíritus, pregunta 865)
Dónde leer esta ley por cuenta propia
El capítulo entero está en El Libro de los Espíritus, tercera parte, capítulo X, preguntas 825 a 872, dividido en seis secciones: libertad natural, esclavitud, libertad de pensar, libertad de conciencia, libre albedrío, fatalidad y conocimiento del futuro.
Con esta, la serie cubre las diez leyes morales de la tercera parte de la obra. La pregunta 872 trae un resumen del propio Kardec sobre el libre albedrío, y vale la pena leerla directamente.
La obra está disponible en PDF, con acceso gratuito, en el área de descargas de la Federação Espírita Brasileira.
¿Esta ley pide algo de quien visita un centro espírita?
El capítulo trata sobre libre albedrío y responsabilidad, y la consecuencia práctica es simple: nadie necesita creer en nada para visitar un centro espírita. La caravana espírita de Guatambu Travel, saliendo de Porto Alegre, recibe gente de varias creencias. El itinerario está en la landing de la caravana.
Y si el grupo ya existe, el camino es otro. Centro espírita, grupo de estudio o familia grande que quiere llevar a su propia gente no necesita comprar asiento suelto: Guatambu Travel intermedia el alquiler del ómnibus con transportadoras asociadas, sin flota propia, y arma el itinerario para ese grupo cerrado. Cómo funciona esto, qué exige la ley de la transportadora y cómo verificar la empresa está en alquiler de ómnibus para grupos. Quien organiza un viaje en otro estado y necesita apoyo en Rio Grande do Sul encuentra el equivalente en receptivo para grupos.
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Este texto forma parte de una serie sobre las diez leyes morales del espiritismo, publicada por Guatambu Travel.
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Fuentes
- KARDEC, Allan. O Livro dos Espíritos. Traducción de Guillon Ribeiro. Brasília: Federação Espírita Brasileira, 93a edición (Edição Histórica), 2026. ISBN 978-85-7328-728-8. Tercera parte, capítulo X, preguntas 825 a 872. Original francés: Le Livre des esprits, París, 1857.
- Federação Espírita Brasileira, área de descargas de las obras de Allan Kardec: https://febnet.org.br/categorias-download/obras-kardec-basicas/ Fuente: https://febnet.org.br/_downloads/o-livro-dos-espiritos/, leído el 11/09/2026.
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